Aquiles Álvarez: El engreído con padrinos políticos que pensó que la justicia nunca lo alcanzaría
El cinismo político en Ecuador ha alcanzado niveles astronómicos, y su máximo exponente es el alcalde de Guayaquil Aquiles Álvarez. Acostumbrado a moverse con total impunidad, Álvarez actuaba bajo la ilusión de ser intocable.
Como bien señaló el presidente Daniel Noboa, era el engreído de Lasso, Nebot y Correa al mismo tiempo; una amalgama de intereses que le hizo creer que la ley jamás lo alcanzaría. Hoy enfrenta un duro baño de realidad tras destaparse el escandaloso esquema de tráfico de combustibles que habría despojado al país de más de $60 millones para alimentar redes de lavado y bienes raíces.
Ante el avance de la justicia, la respuesta del alcalde se reduce a manotazos de ahogado. Pero el colmo del descaro no acaba ahí. Detrás de él aparece Gabriela Rivadeneira, la vocera del correísmo que corre a escudar a los sospechosos. Con una doble moral flagrante, Rivadeneira tilda de "dictadura" a un Ecuador democrático y pluralista, mientras aplaude y justifica sin vergüenza alguna a los regímenes nefastos y opresores de Nicaragua y Cuba.
Se acabó la era donde rob4r, trafic4r y lavar dinero terminaba en impunidad. Hoy, cuando la ley al fin actúa, estos personajes se autodenominan "perseguidos políticos". Ecuador ya no se traga su victimización ni su hipocresía.
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