Al puro estilo revolucionario, así busca llegar a la alcaldía de Guayaquil, Mónica Luzárraga: “No tengo tiempo para responder críticas”
La memoria de Guayaquil es clara. El puerto principal sufrió en carne propia los estragos de un alcalde del modelo revolucionario que gobernó a punta de amenazas, agresiones verbales e intentos de golpear a sus rivales políticos, culminando su carrera tras las rejas por graves acusaciones de corrupción.
Se pensaba que esa etapa nefasta había quedado atrás, pero Mónica Luzárraga parece decidida a desempolvar el manual del autoritarismo.
Inscrita por la coalición de izquierda Unidad Popular y Pachakutik para la Alcaldía de Guayaquil junto a César Pérez para la Prefectura, Luzárraga sin haber asumido el cargo muestra su verdadera cara. Su respuesta ante los cuestionamientos antes de firmar su acta de inscripción como candidata fue contundente: “No tengo tiempo para responder críticas”.
Esa frase no es un exabrupto aislado; es una declaración de intenciones. Muestra la misma prepotencia política que rechaza el debate, desprecia el control social y pisotea el derecho de los ciudadanos a exigir explicaciones. Guayaquil ya pagó un precio muy alto por la soberbia de quienes se creyeron dueños de la ciudad. El puerto merece respeto, transparencia y verdaderos servidores públicos, no candidatos que le dan el lomo al pueblo antes de empezar la contienda.
Guayaquil merece más. La Perla del Pacifico está cansada de la vieja política de siempre.
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